Innsbruck: si hubo incinerados. Se identifica al segundo normalista

Por en September 18, 2015

Expediente Ultra

Innsbruck ratifica que sí hubo incinerados en Cocula e identifica los segundos restos de normalistas.

La PGR reveló además que hay 63 fragmentos óseos rescatados en el río Cocula que seguirán revisando.

Científicos de la Universidad Innsbruck –que acumulan experiencias con víctimas de Hitler- concluyen que hay evidencias en análisis de ADN para acreditar que los restos examinados son de Jhosivani Guerrero de la Cruz, de 21 años y apodado “El Coreano” (conforme a declaraciones ministeriales de sus compañeros sobrevivientes), y coinciden con el material genético de su madre, Martina de la Cruz.

Así, la PGR anunció que ya forma un grupo especial para revisar otra vez los 63 mil fragmentos de huesos, aparentemente humanos, recogidos por buzos en el río Cocula –a donde se supone fueron a parar los cuerpos quemados- y que confirmaron forenses argentinos, pero que descalificaron expertos de Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que trabajaron posteriormente.

La TV mexicana proyectó anoche en vivo la conferencia en que la procuradora general, Arely Gómez, hizo una puntual revelación de los hallazgos en laboratorio y computadoras en Insbruck y cómo se identificó a otro de los 43 normalistas victimados el 26 y 27 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero.

La teoría de una agresión por las bandas de narcotraficantes podría enriquecerse. En el grupo victimado, viajaban al menos 17 normalistas supuestamente cooptados por bandas que los utilizaban para sus perversos fines.

Esta práctica es muy generalizada en estados con alta presencia de narcotraficantes y Guerrero encabeza el trasiego de heroína y cocaína a Chicago.

Uno de los autobuses en que viajaban los normalistas agredidos era sospechoso de llevar droga y supuestamente sumarse a los posibles motivos de una agresión que incluyó el desollamiento al aparente líder del grupo juvenil, único cuerpo encontrado e identificado en Iguala.

Tabú, la penetración de narcos en Ayotzinapa

La penetración del narco en centros como el de Ayotzinapa, se ha con vertido en tabú. Salvo casos de excepción, ni la PGR, ni los medios, tocan a fondo –por delicadeza ante los padres de familia de las víctimas- ese fenómeno.

Raymundo Riva Palacio, uno de los columnistas más respetados en el país narraba en mayo reciente que “a finales del año pasado, el comisionado nacional de seguridad, Monte Alejandro Rubido, tuvo un encuentro bastante ríspido con los familiares de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en septiembre.

“Rubido, un hombre imperturbable que nunca pierde las buenas maneras, explotó. Sus hijos, les dijo el comisionado de acuerdo con personas que conocen detalles de ese encuentro, no eran blancas palomas, y ustedes lo saben”. Se refería a que (la inteligencia federal) tenía identificado como una célula criminal de la banda Los Rojos, que estaban enfrentados con Guerreros Unidos.

Pero la existencia de una célula criminal dentro de la Normal de Ayotzinapa es tabú, reflexiona Riva Palacio.

Y remarca: “Es algo que no se dice con claridad porque se ofende a los papás de los muchachos”, admitió un funcionario federal.

Al parecer, desde un principio ha habido una especie de pacto del gobierno federal y los padres de los jóvenes victimados para no manejar la tesis de que entre los normalistas hay operadores del narco.

“La primera pista de la infiltración de Los Rojos en la normal de Ayotzinapa la aportó Sidronio Casarrubias, el jefe de Guerreros Unidos ,capturado el 16 de octubre en la autopista México-Toluca, el principal testigo de la PGR para entender la vinculación de esa banda con las autoridades en Iguala y Cocula, y lo que sucedió con los normalistas de Ayotzinapa.

“Casarrubias –confirmado más adelante por declaraciones de otros detenidos–, reveló que entre los más de 50 normalistas que fueron a Iguala el 26 de septiembre, iban 17 jóvenes miembros de una célula del grupo criminal de Los Rojos, cuya principal misión era asesinar a Víctor Hugo Benítez, apodado El Tilo, el jefe de plaza de Guerreros Unidos en Iguala.

Y abunda el columnista:

Casarrubias fue quien detalló el modus operandi de Guerreros Unidos, y reveló la estructura criminal dentro de las policías en Iguala y Cocula. El jefe criminal dijo que la orden de matar a los jóvenes fue dada por el ataque que esperaban de la célula de Los Rojos, que recibía órdenes de Santiago Mazari Hernández, sobrino de Alfonso Miranda, exdiputado del PT en el Congreso de Morelos, y jefe de plaza en Amacuzac. Los Rojos controlan la plaza de Chilpancingo y tienen vinculaciones no orgánicas con el ERPI, la guerrilla que se escindió del EPR, algunos de cuyos miembros están relacionados con el tráfico de opio, el principal cultivo en esa zona de la Tierra Caliente guerrerense.

La célula, de acuerdo con las investigaciones, era encabezada por uno de los normalistas, a quien en un acto de crueldad bestial, lo asesinaron y desollaron.

Similitudes con descuartizados de Bar Haven del DF

Los jóvenes agredidos y posiblemente martirizados en Iguala o Cocula, muestran coincidencias con el caso de la Zona Rosa en 2013 y que se trató de ocultar que bandas de narcos se disputan Tepito y el (negado) corredor de la droga Insurgentes-Condesa-Zona Rosa.

En el caso de Iguala, se ha dejado de lado el móvil. El objetivo original eran los 17 integrantes de la célula, identificados por un halcón de Guerreros Unidos que también viajaba con ellos.

Igual que en el DF, en Guerrero se conocen nombres que aportaron en declaraciones algunos sobrevivientes pero son secretos.

Se ha desestimado que –como expone Riva Palacio- desde un principio varias madres de normalistas desaparecidos responsabilizaban de la muerte de sus hijos al comité estudiantil de la Normal, que decide las acciones que van a realizar y fuerza a los jóvenes de primer ingreso –como la mayoría de las víctimas– a participar, pero nunca rompieron públicamente con ellos. Los padres estaban sometidos por un padre de un normalista que no fue víctima, Felipe de la Cruz, quien era su vocero. De la Cruz tuvo varios enfrentamientos con Murillo Karam, a quien amenazó con bloquear carreteras y casetas si no daban resultados prontos. Varios padres lo desautorizaron de esas amenazas, pero sólo hasta hace un mes lo removieron como su portavoz.

Pero al parecer, remarca el columnista, el crimen en Iguala nunca quedará aclarado fehacientemente, porque quienes tienen la información completa no la quieren dar a conocer.

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